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miércoles, 30 mayo, 2018

Para una red eléctrica resiliente, piense en “micro”

En la mayoría de los lugares, la mayor parte del tiempo, la capacidad de encender una luz depende de una gran planta eléctrica centralizada, una red de líneas de transmisión de alto voltaje y un sistema de distribución local.  La mayoría de las personas ni siquiera piensan en la red eléctrica que les suministra la electricidad para el diario vivir hasta que, de repente, se pierde. Como ya sabemos, esto fue lo que sucedió en Puerto Rico y en varias otras islas del Caribe después de una serie de huracanes devastadores el año pasado.  Las fallas del sistema están haciendo surgir nuevas soluciones para la red energética. Parte de la respuesta puede encontrarse en las microrredes. [Foto: Sunrun/Givepower]

Pero también surgieron soluciones energéticas más silenciosas, en forma de energía solar y sistemas de almacenamiento de batería que se instalaron en muchos campus, hospitales, zonas comerciales y centros comunitarios.

“Las microrredes están apareciendo en todos lados, por absoluta necesidad”, dijo Christopher Burgess, director de proyecto para el Programa de Energía de las Islas [Islands Energy Program] del Rocky Mountain Institute (RMI), que promueve la energía renovable en el Caribe. Si bien estas microrredes están todavía funcionando en una escala “casi de boutique”, como lo describe Burgess, él piensa que, con el tiempo, serán precursoras de una inversión mucho mayor en generación descentralizada en Puerto Rico.

A diferencia de un generador a gasolina para emergencias, que la mayor parte del tiempo no se usa, una microrred que funciona con energía solar está generalmente conectada a la red eléctrica principal y genera con regularidad una producción complementaria de energía. Pero si fuera necesario, puede desacoplarse del sistema de energía eléctrica y funcionar por su cuenta. En otras palabras, aun cuando la red eléctrica principal no funcione, las microrredes pueden continuar suministrando energía a los sectores críticos.

“Si después de un huracán, se puede suministrar electricidad a una torre de telefonía celular, se puede suministrar energía eléctrica a la planta de depuración de agua y estación de bombeo, se puede suministrar electricidad a los hospitales y refugios para huracanes, se está haciendo un muy buen trabajo”, explicó Burgess en una entrevista. A pesar de algunas anécdotas sobre “paneles solares que salían volando” durante los huracanes del año pasado, él dijo que un nuevo estudio del RMI indicó que cuando los paneles estaban bien diseñados e instalados, sobrevivían a la tormenta.

Burgess opina que, a largo plazo, un mayor número de países elegirán un enfoque más “modular” con respecto a la energía eléctrica e incorporarán microrredes en sus sistemas eléctricos.  Este enfoque no es solo más resiliente, dijo él, sino más económico que un sistema enorme de transmisión y distribución.

“El enfoque totalmente centralizado está desapareciendo,” dijo él. “El nuevo paradigma con todos los servicios públicos, ya sea una gran red eléctrica continental o una pequeña red eléctrica de una isla, es que habrá varias ubicaciones tanto para la generación como la distribución que pueden desacoplarse de la red eléctrica principal.”

Se espera que las microrredes solares y de batería formen parte del panorama energético en Barbuda; Burgess dijo que se está planeando la instalación de dichos sistemas en dos lugares críticos en la isla. Barbuda sufrió tal impacto a causa del huracán Irma en septiembre pasado que sus residentes fueron evacuados a la isla hermana de Antigua, y la mayoría todavía no han regresado a sus hogares.

En Barbuda, donde el RMI está prestando apoyo a través del programa de energía para las islas, hasta los generadores diésel de la isla, normalmente fuertes, dejaron de funcionar durante Irma porque estaban ubicados cerca de la orilla y se inundaron con agua salada, según Burgess. El plan, dijo él, es trasladar la planta más hacia el interior y complementar el abastecimiento energético con energía solar.

La generación distribuida – electricidad producida en el lugar o cerca del lugar donde se usa, ya sea para un único edificio o para una microrred – se volverá más común en todo el Caribe, a medida que los países afectados por desastres naturales traten de “reconstruir mejor”, para usar las palabras del Presidente Bill Clinton.

Según el Dr. Devon Gardner de la Secretaría de la Comunidad del Caribe (CARICOM), la isla Montserrat está planificando integrar un sistema de energía solar fotovoltaica de 1MW en la actual red diésel de 2MW, con el apoyo de la CARICOM. Algunas partes del sistema eléctrico solar se instalarán en los techos de edificios estratégicos y podrán aislarse en un caso de emergencia.

El país insular de Dominica, el cual sufrió un gran impacto el año pasado por el huracán María, también está buscando opciones de generación distribuida, según Gardner, quién observó que Dominica continúa con sus planes de desarrollo de energía geotérmica, a pesar de los contratiempos causados por el huracán.  En marzo, el país lanzó la Agencia de Ejecución para la Resiliencia al Clima de Dominica (CREAD, por sus siglas en inglés) para administrar la labor de convertirse en el primer país del mundo resiliente al clima.

Los avances tecnológicos están facilitando la integración de fuentes intermitentes de energía renovable y sistemas de almacenamiento en las redes eléctricas para los servicios públicos de la región, según el Dr. Gary Jackson, un consultor independiente sobre energía en el Caribe. “La tecnología impulsa el cambio en el comportamiento”, dijo él.

Algunos sistemas de energía eólica pueden desconectarse con las hélices reubicadas para evitar que se dañen en un huracán, dijo Jackson. Agregó que incluso algunos sistemas de energía renovable más pequeños son plegables y se pueden retirar antes del huracán e instalar nuevamente después que el huracán pasa, aunque advirtió que estos sistemas podrían no ser tan seguros como los sistemas fijos más grandes.

Jackson cree que los países necesitan educar más al público de manera que las personas comprendan la necesidad de contar con resiliencia y estándares para los edificios altos, y al mismo tiempo, tener expectativas realistas. “No podemos predecir como la Madre Tierra va a comportarse en una determinada estación”, dijo él.