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miércoles, 02 mayo, 2018

Una mirada a la eficiencia energética en México

Cuando México empezó a considerar la idea de mejorar la eficiencia energética de los edificios públicos, la preocupación más urgente no era saber cómo mitigar los efectos del cambio climático, sino cómo reducir costos. El Gobierno necesitaba ahorrar dinero, y reducir el consumo energético era una forma de lograrlo. En la actualidad, con la eficiencia energética en el primer lugar de la agenda climática mundial, México ya cuenta con dos décadas de experiencia para compartir con otros países de la región.

La eficiencia energética es uno de los temas en el que todo el mundo puede estar de acuerdo en que es una prioridad. “La mejor energía es la que no se consume”, señaló Sergio Segura Calderón, Director de Cooperación Internacional en la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE) de México. La eficiencia energética suele ser una buena inversión, añadió, que ayuda a las empresas y economías a ser más productivas y competitivas, y que suele recuperarse en poco tiempo.

El Agencia Internacional de la Energía (AIE) nombra a la eficiencia energética como “el primer combustible”, señalando en un reciente informe que es “el único recurso energético que todos los países poseen en abundancia”. Las Naciones Unidas, a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 7, propone duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética de aquí a 2030.

Es posible preguntarse entonces ¿por qué la idea de la eficiencia energética suele ser difícil de vender?

Un problema, señaló Segura en una entrevista telefónica, es que “no es tan sexy” como una nueva granja eólica o una instalación de energía solar, y porque es prácticamente invisible. Es como si alguien dijera, “qué bonita la planta energética que no se construyó”, indicó Segura riéndose.

A pesar de este problema de visibilidad, o mejor dicho de invisibilidad, la eficiencia energética es fundamental para cumplir los objetivos climáticos mundiales. “A pesar de que la eficiencia del consumo final de la energía por sí sola no es suficiente para alcanzar la meta de temperatura establecida en el Acuerdo de París, puede reducir el 35% de las emisiones de CO2 para 2050”, señala la AIE en el informe Perspectives for the Energy Transition: The Role of Energy Efficiency, publicado este año.

Esta posibilidad de marcar la diferencia explica por qué la eficiencia energética es uno de los pilares centrales de la Alianza de Energía y Clima de las Américas (ECPA), y por qué México desea apoyar a otros países de la región para beneficiarse de su experiencia. La CONUEE ha propuesto ofrecer cooperación técnica en esta área a través de la ECPA. Aunque todavía se debe trabajar en los detalles, indicó Segura, el primer paso será probablemente implementar seminarios virtuales, seguidos de misiones técnicas, dependiendo de los fondos disponibles.

Ahorro energético en los edificios públicos

El Programa de Ahorro de Energía en la Administración Pública Federal de la CONUEE se centra en tres áreas: edificios del gobierno federal, flotas de vehículos e instalaciones industriales estatales. La primera de estas áreas es la más antigua, atendida desde la década de los noventa.

Según Hebert León Sánchez, Director de Eficiencia Energética en la Edificación de la CONUEE, todo comenzó con una investigación para identificar el potencial ahorro energético en 100 edificios públicos alrededor del país. León, que ha participado en este programa casi desde el comienzo, señaló en una entrevista que la CONUEE quería establecer datos de referencia para distintas partes del país que cuentan con un clima diferente. Por eso, empezó a establecer contacto con otras dependencias gubernamentales para pedirles que compartieran información sobre el consumo energético en sus edificios.

Cuando recién había concluido esa investigación a fines de la década de los noventa, el gobierno federal dio a conocer un amplio programa de austeridad y solicitó a todas las dependencias que redujeran costos. Según la investigación, la Secretaría de Energía pudo proponer un programa basado en la Internet, diseñado para mejorar la eficiencia energética en los edificios públicos y generar ahorros significativos.

Desde entonces, este programa ha estado en funcionamiento y cada año pretende que se ahorre más energía en los edificios del gobierno federal. En 2016, el año más reciente del que se disponen estadísticas, 218 dependencias y entidades federales con 2344 inmuebles y 7326 edificios participaron en el programa. (Varios inmuebles, ya sean universidades o complejos de oficinas, cuentan con múltiples estructuras.) La energía promedio utilizada por metro cuadrado en estos edificios disminuyó en un 1,2% en 2016, de acuerdo con las cifras de la CONUEE.

El programa es obligatorio para los edificios federales con más de 1000 metros cuadrados de área construida, a pesar de que la CONUEE no puede imponer sanciones por incumplimiento y todavía no es claro cuántos edificios federales que deberían participar no lo hacen, según León. Eso no significa que no exista un control, señaló. Cada dependencia participante debe crear un órgano interno de control para el ahorro de energía y uno de sus miembros debe ser el auditor del gobierno, asignado para controlar el desempeño de la dependencia en diversas áreas, incluida la eficiencia energética.

“Eso nos ayuda muchísimo”, señaló León, añadiendo que las dependencias gubernamentales no quieren atraer la atención del auditor cuando no cumplen las normas o directivas.

Los inmuebles que participan en el programa deben informar periódicamente su consumo energético y cumplir ciertos objetivos cada año. Aunque el sistema no es perfecto, una señal de su éxito es su mera longevidad, señaló León, destacando que el Gobierno ha generado ganancias de eficiencia constantes desde hace casi dos décadas.

El financiamiento para la eficiencia energética continúa representando un problema. León indicó que a esta altura, la mayoría de las dependencias gubernamentales han implementado solo las prácticas óptimas que requieren poca o ninguna inversión, como cambiar la iluminación interior o llevar a cabo campañas internas para fomentar la eficiencia energética. Sin embargo, en el caso de inversiones más importantes como la instalación de un nuevo sistema de aire acondicionado, por ejemplo, suelen esperar a que el equipo viejo deje de funcionar y luego simplemente lo reemplazan, sin realizar ninguna investigación ni planificación.

En los últimos años, la CONUEE ha trabajado con dependencias para implementar sistemas de gestión de energía con el fin de tener un panorama más completo sobre “cuánta energía consumen, dónde la consumen y cómo la consumen, para que entonces tomen las medidas necesarias”, señaló León. El Gobierno también está implementando un programa piloto, gracias a un préstamo otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo, para analizar la potencial recuperación de la inversión al reemplazar grandes sistemas de calefacción y enfriamiento en determinados edificios públicos federales.

Actualmente, con la atención mundial en el cambio climático y el Acuerdo de París, León nota que existe una creciente toma de consciencia no solo por reducir costos, sino por ahorrar energía y, a veces, hasta demasiada. “Entra uno a las oficinas y están obscuras”, señala, añadiendo que en esos casos los gerentes podrían haber disminuido tanto el voltaje que estarían violando otras normas que indican el nivel mínimo de iluminación en las oficinas. “Eso no es ahorrar energía, porque entonces les está afectando la salud a las personas”, concluyó.