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martes, 19 diciembre, 2017

Cómo superar el reto de la “última milla”

América Latina ha hecho muchas cosas buenas en lo que a la energía se refiere, tanto en materia de políticas como de tecnología, según David L. Goldwyn, Presidente del Grupo Asesor de Energía del Atlantic Council. Sin embargo, la “última milla” es la más difícil de recorrer, dijo, a medida que los países que han realizado un progreso importante luchan por ser aún más eficientes y lograr una energía aún más limpia.

“Como región, América Latina es el líder mundial en la penetración de la energía limpia”, dijo Goldwyn, quien ayudó a organizar un reciente taller en Argentina (véase la nota relacionada). En una entrevista con la Alianza de Energía y Clima de las Américas (ECPA, por su acrónimo en inglés) dijo que, a nivel subregional, los países del Cono Sur han registrado el mayor progreso en ese sentido, mientras que en Centroamérica y el Caribe todavía quedan más retos por superar.

“Al contar con políticas inteligentes, las economías más grandes de la región han atraído con gran éxito la inversión en energía eólica y solar”, afirmó Goldwyn, quien fungió como Enviado Especial para Asuntos Energéticos Internacionales en el Departamento de Estado de Estados Unidos durante el gobierno del Presidente Barack Obama. Según Goldwyn, las políticas más adecuadas atraerán la inversión privada, la cual es fundamental para cualquier país que busca abordar los desafíos actuales en materia energética.

“Si un empresario privado confía en que, si construye una planta eléctrica podrá percibir una tarifa por la energía producida que cubra el costo del capital más un rendimiento razonable, entonces invertirá”, aseveró. “Pero los capitales privados no realizan inversiones en países donde no se garantiza el acceso a la red eléctrica, o donde hay un actor dominante que no acepta la competencia, o donde los subsidios son tan extensos que la recuperación de costos por medio de una tarifa justa es improbable”.

Entre las “políticas inteligentes” que ha observado Goldwyn en la región se incluyen mandatos de energía limpia, subastas y licitaciones de energía renovable, tarifas de compra para impulsar la inversión (feed-in tariffs), medición neta (net metering), fijación de precios de carbono, generación distribuida, reducción de subsidios, facilitación de importaciones de tecnología, garantías de inversión, incentivos para eficiencia energética y mayor uso del gas natural para sustituir el carbón y el diésel.

Si bien las políticas son importantes para atraer la inversión, no siempre bastan. Es posible que los pequeños estados insulares del Caribe requieran del apoyo de bancos multilaterales de desarrollo para acceder al capital privado. En vista de los recientes huracanes, Goldwyn considera que el Caribe empezará a optar por un nuevo modelo de energía eléctrica basado en “micro redes” en vez de una sola red central. Esto podría dar lugar a opciones más asequibles y sostenibles, dijo, pero se requiere de un sólido marco de políticas y de creativas modalidades de financiamiento por parte de los bancos de desarrollo –no necesariamente enormes préstamos que cubran la totalidad de los costos de cada proyecto, sino suficiente capital para generar confianza entre los inversionistas privados, según Goldwyn.

Aun para los países que han avanzado considerablemente hacia la energía limpia, la “última milla” suele ser la más difícil y la más costosa, tanto literalmente –por ejemplo, el último tramo de una línea de transmisión– como en sentido figurado. Goldwyn utilizó la analogía del combustible para un vehículo, explicando que una vez que se logran grandes avances tecnológicos en eficiencia, es más difícil hacer los pequeños ajustes requeridos para mejorar aún más la eficiencia. En otras palabras, una vez que se alcance el 80% del objetivo, es probable que lograr el último 20% se torne en una ardua tarea.

Además de algunas de las políticas inteligentes ya mencionadas, Goldwyn se refirió a tres otras áreas en las que pueden trabajar los países para “cerrar esa última brecha” y alcanzar sus objetivos en cuanto a reducción de emisiones en el sector eléctrico.

Diseño del mercado energético–  Esto se refiere a la creación de un equilibrio adecuado entre las fuentes de energía para asegurar un suministro confiable y a la vez incentivar la inversión en energías renovables. Si la fuente principal de energía para un país es la hidroeléctrica, por ejemplo, se necesita decidir cuáles fuentes de respaldo se utilizarán, cuánta capacidad se debe construir y cómo se deben diseñar los sistemas energéticos y la estructura tarifaria para asegurar suficiente respaldo y estimular el crecimiento de la energía renovable. En algunos casos, hay decisiones políticas que pueden incidir en estas decisiones, dijo Goldwyn, ya que los países buscan mejorar el diseño del mercado energético sin permitir que las compañías energéticas existentes caigan en bancarrota.

Integración regional– La comercialización de energía entre países puede crear nuevas eficiencias en algunos casos, tal como ha empezado a ocurrir con el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC). Un nivel mayor de integración también puede beneficiar al gas natural licuado (GNL), dijo Goldwyn. Considerando las variaciones regionales de clima y de temporadas, no es necesario que cada país tenga su sistema de almacenamiento de GNL, dijo, agregando que debería crearse un marco jurídico para que los países puedan comercializar o intercambiar suministros de gas.

Modernización de la red eléctrica– La introducción de la tecnología digital en la red produce mejores datos sobre cómo, a dónde y cuándo se está utilizando la energía, lo cual a su vez fortalece la adopción de decisiones, según Goldwyn. Por ejemplo, al contar con información instantánea sobre pérdidas en las líneas de transmisión, un operador puede decidir si el sistema necesita ser reparado. De la misma manera, al contar con mejores datos se pueden percibir patrones de consumo para cada hora del día, lo cual permite crear un sistema que se adapte mejor a las necesidades reales.

“Al contar con toda esta información en un solo lugar, podrían diseñarse soluciones para la red que eviten la necesidad de construir la próxima planta eléctrica o que puedan reducir costos, al lograr un mejor alineamiento del suministro con la demanda”, dijo. Este tipo de tecnología de “redes inteligentes” apenas ha comenzado a aparecer en algunos rincones de la región, según Goldwyn, pero es el camino al futuro.

“Los gobiernos, las empresas eléctricas y los reguladores necesitan ser conscientes de este tema para entender cómo esto les puede ahorrar dinero y ahorrar carbono”.