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jueves, 30 noviembre, 2017

Volver a empezar

Desarrollar resiliencia frente a los desastres

A esta altura, ya conocemos muy bien los nombres: Harvey, Irma, María, Nate.  La lista de sistemas de tormentas tropicales de este año es lo suficientemente grande como para comenzar con el nombre de Arlene en abril y abrirse camino hasta Rina a comienzos de noviembre. La temporada de huracanes de 2017 en el Atlántico concluye oficialmente el 30 de noviembre, pero la destrucción masiva que causó se sentirá por muchos años más. Mientras que el proceso de recuperación continúa y la reconstrucción comienza, dos naciones insulares en particular – Dominica y Antigua y Barbuda – se están concentrando en cómo desarrollar resistencia y capacidad de recuperación frente al cambio climático. [foto: nbc news]

Ésta fue una temporada de huracanes que muchos países no podrán olvidar pronto. Ocho huracanes azotaron el Caribe entre junio y octubre, incluidas Irma y María – tormentas masivas de categoría 5 que golpearon consecutivamente en el mes de septiembre.

Estados Unidos sufrió duros golpes causados por Harvey, Irma y María, con más de 200 muertos y daños calculados en cientos de miles de millones de dólares. Puerto Rico sufrió embates tanto de Irma como de María y muchos habitantes de ese territorio estadounidense todavía no tiene electricidad ni agua corriente.

Los huracanes también afectaron severamente otras partes del Caribe este año: Cuba, República Dominicana, las Islas Turcas y Caicos y las Islas de Sotavento, incluidas Anguilla, Guadalupe, Montserrat, Saint Kitts y Nevis, St. Martin y St. Maartin, y las Islas Vírgenes británicas y estadounidenses. Otras islas sufrieron impactos laterales que de todas formas afectarán sus presupuestos.

El huracán Katia, por su parte, azotó la costa este de México – sólo unos días después de haber sido, ese país, golpeado por un fuerte terremoto – y en América Central, Nate trajo muerte y destrucción a Costa Rica, Honduras y Nicaragua.

Aún con este grado de desastres naturales, sobresale lo experimentado por dos islas. Barbuda, la más pequeña de las dos islas que forman Antigua y Barbuda, fue prácticamente arrasada por el huracán Irma; su población entera se quedó sin casa y fue, luego, evacuada a Antigua. El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres recorrió los daños en Barbuda en el mes de octubre y dijo a los periodistas: “Acabo de presenciar un nivel de destrucción que nunca vi en mi vida”

Al día siguiente, en una visita a Dominica – que se apoda “La Isla Natural”- Guterres nuevamente se mostró abrumado por el nivel de daño, no solamente a las construcciones sino al terreno.  “Nunca he visto en ningún lugar del mundo un bosque totalmente decimado, sin una sola hoja en ningún árbol”, dijo en una conferencia de prensa.

“Esta multiplicación de huracanes ocurridos en el Caribe esta temporada no es accidental. Es el resultado del cambio climático”, Guterres dijo. Y, agregó, “tenemos una responsabilidad colectiva en la comunidad internacional de poner fin a este desarrollo suicida”.

Es un mensaje que tanto Dominica como Antigua y Barbuda han llevado al mundo durante los últimos dos meses. Unos pocos días después de que María arrasó con su país, el Primer Ministro de Dominica, Roosevelt Skerrit dijo, ante el 72o Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que acababa de llegar de las “trincheras de la guerra del cambio climático”

“Como país y como región, nosotros no comenzamos esta guerra contra la naturaleza. No la provocamos”, dijo Skerrit. “No contaminamos ni pescamos en exceso en nuestros océanos. No hemos hecho ninguna contribución al calentamiento global que pueda producir estos cambios drásticos. Sin embargo, nos encontramos entre las principales víctimas.”

En su discurso ante la Asamblea General, el Primer Ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, observó que los 14 países de la Comunidad del Caribe (CARICOM), juntos, producen menos del 0,1 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. “Somos los que menos contaminamos, pero tememos el mayor número de víctimas,” dijo él.

Sin embargo, dijo, como su país está clasificado como un país “de altos ingresos”, no tiene derecho a recibir financiamiento y subvenciones en condiciones favorables de las instituciones de financiamiento internacional y gobiernos donantes. ¿Dónde está la justicia? Preguntó Browne.

Durante su visita a Dominica – la cual está clasificada por el Banco Mundial como una economía de ingresos medios – el Secretario General Guterres habló sobre la necesidad de que la comunidad internacional redefiniera la manera de evaluar a los países y creara instrumentos financieros innovadores que ayuden a aquellos que son “especialmente vulnerables a conmociones externas”

“Debe haber alguna forma de estudiar la deuda de estos países y transformarla en un instrumento de reconstrucción y resiliencia”, dijo Guterres en una conferencia de prensa conjunta con el Primer Ministro Skerrit.

La resiliencia ha sido una consigna durante largo tiempo para los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), especialmente para las naciones insulares del Caribe, pero la temporada de huracanes del presente año renovó la urgencia del tema. En las semanas posteriores a María, el Primer Ministro Skerrit de Dominica se ha impuesto altas expectativas, al prometer que los 72.000 residentes de su país se convertirán en la nación con mayor capacidad de adaptación al clima del mundo entero.

En un discurso pronunciado en una reciente conferencia de donantes de CARICOM-ONU, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York (ver recuadro), el Secretario General Guterres propuso llevar la meta aún más lejos. “Hagamos del Caribe la región más resiliente al clima de todo el mundo”, dijo él.

Dominica: “El Edén se destruyó”

Una isla montañosa de ríos, cascadas y volcanes, Dominica se conocía, en su momento, como un paraíso exuberante. Ahora, el Primer Ministro Skerrit dijo ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que, tras la tormenta, “El Edén se destruyó”.

Describió la escena en su país de la siguiente manera: “Las casas fueron arrasadas, los edificios están sin techo, las cañerías están arruinadas y la infraestructura vial está destruida. Nuestro hospital no tiene electricidad y las escuelas desaparecieron bajo los escombros. Los cultivos fueron arrancados de raíz; donde había verde, ahora solo hay polvo y tierra. La desolación supera lo imaginable.”

Una evaluación preliminar realizada por el Banco Mundial, las Naciones Unidas y otros organismos internacionales estimaron los daños y pérdidas de Dominica, a causa del huracán, en US$1.300 millones, siendo la infraestructura pública, la electricidad y las redes de telecomunicaciones los sectores que sufrieron el mayor impacto. Este cálculo es equivalente al 226 por ciento del producto interno bruto (PIB) anual de todo el país, dijo Skerrit en una reciente conferencia de donantes. Señaló, además, que las pérdidas se suman a las ya sufridas a causa de la tormenta tropical Erika de hace dos años y Ofelia, cuatro años antes de esta última.

En la conferencia en Nueva York, Skerrit expuso el plan detallado de su gobierno para reconstruir la nación y hacerla más resiliente. No se trata solamente de la edificación sino de la “subsistencia sostenible”, señaló él.

El Primer Ministro imploró a la comunidad internacional de donantes que adopten un enfoque diferente que aquel del pasado. “No podemos distribuir ayuda de la forma que lo hemos hecho antes”, dijo, señalando que algunos proyectos programados después de Ofelia – desde hace ya dos grandes tormentas – todavía estaban en marcha cuando María nos golpeó. 

Con las tormentas tropicales que continúan intensificándose debido al calentamiento del mar en todo el mundo, será imposible para un país como Dominica comprar un seguro suficiente como para protegerla “contra la magnitud de estos daños”, dijo Skerrit. “En última instancia”, agregó él, la única vía disponible para nosotros es construir un país resistente al cambio climático, en lugar de asegurarlo contra los daños y las pérdidas que le ocurren a un país que no lo es”.

En una conferencia de prensa en octubre, Skerrit señaló algunos de los factores que deben estar presentes para ser más resilientes: construir una infraestructura mejor, más inteligente; hacer que el sistema eléctrico sea menos vulnerable; alejarse de los combustibles fósiles y dirigirse hacia la energía renovable, tales como los recursos geotérmicos, y adaptar los cultivos y las prácticas agrícolas de la isla para que resistan mejor las grandes tormentas, para mencionar solo algunos de los pasos, dijo él.

“Tenemos una oportunidad única de ser un ejemplo para el mundo, un ejemplo sobre cómo una nación entera se recupera de los desastres, y cómo una nación entera puede convertirse en resiliente al clima para el futuro”, dijo el Primer Ministro Skerrit. “Nosotros no elegimos esa oportunidad, no la deseamos. Después de haber recibido esta embestida, hemos decidido, activamente y con determinación, ser un ejemplo para el mundo.” [foto: NY Times]

Antigua y Barbuda: “Refugiados climáticos”

“Por primera vez en más de 300 años, no hay ya más residentes permanentes en Barbuda”. Fue ésa la dura realidad que el Primer Ministro Browne describió ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, y sigue siendo así hasta el día de hoy en la isla de 62 millas cuadradas. En un video producido para la reciente conferencia de donantes en Nueva York, una mujer de Barbuda dice que la primera vez que volvió de visita después de la tormenta, no pudo orientarse entre los escombros: “Tuve que pedir instrucciones para saber cómo llegar a mi propia casa”.

La isla hermana mayor de Barbuda escapó lo más fuerte del ataque de Irma; por lo tanto, los aproximadamente 1.600 habitantes de Barbuda fueron evacuados allí, donde la mayoría permanece en refugios del gobierno, según el Embajador Sir Ronald Sanders, Representante Permanente de Antigua y Barbuda ante la Organización de los Estados Americanos y los Estados Unidos. Además, en una entrevista telefónica, señaló que cerca de 3.000 personas de Dominica huyeron a Antigua después del huracán María. La mayoría de ellos están alquilando casas o quedándose con familiares u otros residentes, pero el gobierno de Antigua y Barbuda está absorbiendo a los niños en las escuelas y prestando servicios a los ancianos.

“En el Caribe, tememos ahora una categoría nueva de ciudadanos – los refugiados climáticos – dijo el Primer Ministro Browne en la reciente conferencia de donantes, describiendo a aquellos que se han quedado “sin casa, sin trabajo y sin ayuda” debido a las tormentas de categoría 5. “Estas personas se vieron obligadas a abandonar su propia tierra.  Su futuro es incierto y las perspectivas no están claras”, dijo él.

Browne dijo que su país está “decidido a reconstruir Barbuda, no solamente para poder hacer frente a los ataques del cambio climático, sino como ejemplo de una isla plenamente resistente al clima, totalmente verde y orgánica, así como productiva, generadora de ingresos y económicamente viable.”

“Pero nosotros afirmamos que la responsabilidad por la destrucción de Barbuda y el desplazamiento de sus residentes está en aquellos que continúan usando combustibles fósiles en exceso, aquellos cuyas emisiones de gases de efecto invernadero desataron a los demonios del cambio climático”, agregó el Primer Ministro. “La justicia y la equidad requieren que el peso de construir una comunidad más resiliente al clima no recaiga solamente sobre las víctimas del cambio climático”.

Tal como el Embajador Sanders explicó en una entrevista reciente, Antigua y Barbuda necesita fondos de donaciones, no solamente préstamos con tasas de interés comerciales que el país no puede sostener. “Ya estamos sumamente endeudados por todas las tormentas que hemos tenido anteriormente”, dijo el diplomático.  “Es por ello que debemos dirigirnos a la comunidad internacional para que cumplan con su responsabilidad y sus obligaciones como los perpetradores de este problema.”

Pero, en última instancia, sea cual sea la ayuda que reciba de la comunidad internacional, Antigua y Barbuda, regresará, dijo el Embajador Sanders.  “Es nuestro país. Ya sea que la gente pague por el daño causado o no lo haga, de todas formas, debemos reconstruir. Llevará años; es posible que lleve una generación. Perdimos, de un día para otro, 300 años de vivienda humana. No se pueden reconstruir 300 años en un día. Ni siquiera se puede hacer en un año. Llevará tiempo. [foto: NY Magazine]

Foto de portada: CNN