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miércoles, 09 septiembre, 2020

Chile opta por el hidrógeno verde

En un momento en que los países en todo el mundo se esfuerzan por reducir sus emisiones de carbono, muchos buscan el hidrógeno verde – en otras palabras, el hidrógeno producido mediante energía renovable – para ayudarlos a alcanzar sus objetivos. Un país que cree estar especialmente bien posicionado para ser un protagonista importante en ese mercado es Chile. El Ministro de Energía, Juan Carlos Jobet, invitó al país a pensar “en grande” acerca de las posibilidades de Chile como productor y exportador de hidrógeno verde.

“Cada día me convenzo más de que esta es una oportunidad extraordinariamente positiva para Chile”, señaló Jobet durante un seminario web en junio – la primera de una serie de reuniones virtuales celebradas durante las últimas semanas como parte de un gran esfuerzo del Gobierno para elaborar una Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde.

El hidrógeno verde tiene el potencial de producir enormes beneficios ambientales, sociales y económicos, explicó Jobet. En lo que respecta al medioambiente, señaló que esto podría impulsar a Chile hacia su objetivo de neutralidad carbónica para 2050, y agregó que el hidrógeno verde podría representar una cuarta parte de la reducción total de las emisiones de carbono que el país necesita.

Una industria de hidrógeno verde también ayudará a Chile a diversificar su economía, crear empleos, atraer inversiones y dar paso a nuevas oportunidades para individuos, ciudades y regiones a través del establecimiento de “polos o ecosistemas de desarrollo” centrados en esta tecnología, dijo Jobet.

Chile 2020 Green Hydrogen Summit [Conferencia hidrógeno verde Chile 2020]

Chile está planificando la puesta en marcha de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde en una conferencia que se celebrará los días 3 y 4 de noviembre y que incluirá la participación del Presidente Sebastián Piñera, así como de participantes gubernamentales y del sector privado de todo el mundo.

El evento destacará el papel del hidrógeno en la transición energética mundial, así como el papel que puede jugar para lograr un valor cero de emisiones netas de carbono en Chile y en el resto de América Latina.

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Una de las razones por las cuales el hidrógeno verde tiene sentido para Chile es el abundante potencial de energía renovable del país, el cual se estima en más de 70 veces lo que necesita para el consumo interno de electricidad. “Tenemos que encontrar formas de aprovechar esa energía renovable y exportarla al mundo”, dijo él.

Chile está avanzando “de forma vertiginosa” para sentar las bases de esta nueva industria, según Max Correa, quien dirige una división del Ministerio de Energía que se encarga de los combustibles que no se utilizan para producir electricidad, incluido el hidrógeno verde. La experiencia del país con energía solar fotovoltaica muestra el tipo de progreso que puede realizarse en poco tiempo, dijo en una reciente entrevista. En 2013 la producción anual de energía solar fotovoltaica llegó a siete gigavatios hora (GWh); en 2020, llegará hasta casi 1.000 veces esa cantidad. 

“Nosotros creemos que con el hidrógeno verde va a pasar algo similar”, dijo Correa, y éste no es un sueño lejano, agregó. “Es ahora, es en esta década donde se van a desarrollar los proyectos de gran escala para consumo nacional y para la exportación.”

El impulso del hidrógeno

A nivel mundial, este es un momento de “impulso sin precedentes” para el hidrógeno, tal como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) lo expresó el año pasado en el informe: The Future of Hydrogen [El futuro del hidrógeno]. Aunque el informe menciona que las anteriores “olas de entusiasmo” con respecto al potencial del hidrógeno han surgido y desaparecido, el informe señala que, en esta ocasión, el hidrógeno podría ser el camino para cumplir con su “potencial largamente establecido como una solución de energía limpia.”

En la actualidad, el hidrógeno se utiliza principalmente en la industria, siendo el refinado de petróleo y la producción de amoníaco para fertilizantes las dos aplicaciones principales, seguidas por la producción de metanol y acero. El hidrógeno utilizado en estos procesos industriales se extrae “casi en su totalidad” de combustibles fósiles, principalmente gas natural y carbón, y su producción causa “emisiones de CO2 anuales equivalentes a las de Indonesia y el Reino Unido combinadas”, señaló el informe de la Agencia Internacional de la Energía.  El informe agrega que “aprovechar la escala actual en camino a un futuro de energía limpia requiere tanto la captura de CO2 de la producción de hidrógeno a partir de combustibles fósiles como un mayor suministro de hidrógeno derivado de la electricidad limpia.”

Aunque no existe una nomenclatura estandarizada para el hidrógeno, actualmente se le asigna un color según su forma de producción. El hidrógeno “negro” se obtiene del carbón, el “gris” del gas natural y el “marrón” del lignito; el “azul” se refiere al hidrógeno obtenido a partir de combustibles fósiles en el cual las emisiones de CO2 se reducen por captura, uso y almacenamiento del carbono (como lo expresa Greentech Media en un artículo: “para ser un gas incoloro, el hidrógeno se describe en términos muy coloridos”).

Chile está apostando por el hidrógeno verde, también conocido como hidrógeno renovable, limpio o electrolítico, producido por electrólisis, un proceso que utiliza corriente eléctrica para dividir el H2O en sus dos componentes, hidrógeno y oxígeno. Cuando la electricidad proviene de fuentes renovables, como la energía solar fotovoltaica o la energía eólica, el hidrógeno que se extrae es limpio.

Producir hidrógeno a partir de energías renovables sigue siendo relativamente costoso, pero la AIE prevé que el costo podría descender un 30% en un período de diez años, debido a la disminución del costo de las energías renovables y el beneficio que se espera de la fabricación en gran escala de equipos tales como electrolizadores.

En los últimos meses han surgido nuevos proyectos en materia de hidrógeno en todo el mundo, aunque la mayoría de ellos no se encuentran en el extremo verde del espectro. Según Correa, dependiendo de su combinación energética, muchos países que están enfocados en la producción de hidrógeno verde algún día comenzarán utilizando combustibles tales como gas natural o incluso el carbón.

El proyecto más grande de hidrógeno verde hasta el momento, anunciado en julio, es una obra de US$5 mil millones que se construirá en Arabia Saudita, impulsada por cuatro gigavatios de energía eólica y solar. Air Products, una compañía estadounidense de gas y productos químicos, se está asociando en el proyecto con la empresa saudita de desalinización y electricidad ACWA y la ciudad planificada de Neom.

Abundancia de energías renovables

Con la abundancia de los recursos renovables de Chile - un artículo del Washington Post en 2017 se refirió al país como "una Arabia Saudita solar" – el país podrá producir hidrógeno que sea "100% verde", dijo Correa. El desierto de Atacama tiene los niveles más altos de radiación solar del planeta, mientras que la zona sur del país tiene un gran potencial eólico, señaló. Otra ventaja es la fuerte infraestructura portuaria de Chile.

Estas ventajas, junto con los costos cada vez más bajos de producir energías renovables, le darán al país una superioridad, dijo Correa, a pesar de su distancia de los posibles mercados de usuarios finales, principalmente en Asia. La firma consultora McKinsey & Co. determinó que, para 2030, el hidrógeno verde en Chile podría competir con el hidrógeno gris elaborado a partir de gas natural, según una presentación que realizó la compañía durante el seminario web de junio.

El hidrógeno se puede transportar de diferentes formas, incluso a través de un proceso muy parecido al del gas natural licuado, en el que el hidrógeno se convierte en líquido para su transporte y luego otra vez en gas en su destino. También se puede combinar con otros elementos en compuestos que son más fáciles de manipular, enviar y almacenar.


Debido a la naturaleza del hidrógeno como un "elemento constitutivo"
[building block], Chile estará en el negocio no solo del hidrógeno verde sino también de las "moléculas verdes" con una variedad de usos que pueden ayudar a reducir las emisiones en sectores que han demostrado ser difíciles de descarbonizar, dijo Correa.

Un ejemplo: el hidrógeno combinado con el nitrógeno produce amoníaco, una materia prima para la fabricación de fertilizantes. Cuando se utiliza hidrógeno verde, se eliminan las emisiones de gases de efecto invernadero del amoníaco. Eso podría tener un gran impacto, dado que el amoníaco es ya uno de los productos químicos más utilizados en el mundo. La industria del transporte, que tiene objetivos ambiciosos de reducir las emisiones, está planeando utilizar amoníaco verde como su combustible de preferencia, señaló Correa (el proyecto recientemente anunciado en Arabia Saudita producirá amoníaco verde para exportar a los mercados mundiales).

Mientras tanto, Chile tiene el potencial de reducir su propia huella de carbono mediante el uso de hidrógeno verde en la industria minera. Si bien la industria ha avanzado en términos del uso de electricidad limpia, todavía tiene un largo camino por recorrer en lo que respecta al uso directo de combustibles fósiles, dijo Correa. Por ejemplo, agregó, cada uno de los enormes camiones que se utilizan en la minería puede quemar hasta 3.000 litros de diésel por día. Señaló que los proyectos en Sudáfrica están comenzando a utilizar hidrógeno verde para alimentar estos camiones mineros y agregó que “Chile tiene la obligación de ir en esa misma dirección”.

No se trata solo de alcanzar los objetivos climáticos internacionales, dijo, sino de responder a los mercados que están exigiendo huellas de carbono cada vez más pequeñas a lo largo de todo el ciclo de producción, comenzando con las materias primas. Hay valor agregado en el "cobre verde".

Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde

En los últimos meses, el Ministerio de Energía ha liderado un proceso para diseñar una estrategia a largo plazo para el hidrógeno verde. El Ministerio celebró una serie de mesas redondas técnicas con expertos, empresas, asociaciones profesionales y otros actores, y realizó consultas con organizaciones de la sociedad civil para discutir cómo expandir las ventajas de esta posible nueva industria lo más ampliamente posible.

El Ministerio de Energía está trabajando en estrecha colaboración con otros organismos gubernamentales para asegurarse de que está sentando una base sólida para el futuro. Algunos consultores internacionales, tal como McKinsey & Co., están aportando información y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) está trabajando en un estudio para analizar en detalle el mercado de exportación.

El proceso de elaboración de una estrategia incluye determinar obstáculos y brechas que podrían evitar que el hidrógeno verde prospere, dijo Correa. El país no está en una posición en la que podría invertir cantidades masivas de recursos públicos en hidrógeno verde, explicó, pero puede proporcionar incentivos específicos y eliminar gradualmente algunos de los “subsidios encubiertos” y las distorsiones que inclinan la balanza hacia los combustibles fósiles.

Dijo también que es importante contar con la estructura regulatoria adecuada y señaló que las leyes promulgadas en 2008 y 2013 ayudaron a impulsar la inversión en las industrias solar y eólica que actualmente son tan importantes para Chile.

El objetivo es crear una estructura regulatoria y de políticas que provenga del Estado y no de una administración, dijo Correa. Se cuenta con un consejo asesor que participa en el proceso y que incluye representantes de todo el espectro político para garantizar que las políticas formuladas se mantengan a través del tiempo.

El Ministro de Energía, señor Jobet, también destacó esa perspectiva de largo plazo en sus comentarios durante el seminario web de junio: “Los esfuerzos que se requieren para que seamos exitosos en materia de hidrógeno verde tienen que trascender de mucho la duración de este Gobierno.”

Dijo también que la iniciativa del hidrógeno verde requerirá el esfuerzo combinado de todos, no solo del Gobierno, sino también de las empresas, el mundo académico y la sociedad civil. “El Gobierno y el Estado puede facilitar, tiene un rol central, pero esto lo vamos a hacer entre todos o si no, no lo vamos a poder hacer.”