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jueves, 06 agosto, 2020

La sostenibilidad sigue en el radar de la aviación


Durante el último decenio y antes de que la pandemia de COVID-19 pusiera un alto a los vuelos, la industria de la aviación estaba en auge y con ello se dio un aumento de las emisiones de CO2. La industria estaba tomando medidas para ser más eficiente y reducir sus emisiones de carbono; e incluso se hab
ía establecido un plan para compensar las emisiones generadas por los viajes aéreos internacionales. Si bien la actual turbulencia económica ha dado lugar a un ajuste en dicho plan, la industria va por buen camino para volverse más sostenible, según un experto veterano en aviación.

Según lo explica Patricio Sepúlveda (ex gerente general de LAN Airlines y director de Aeronex, una empresa de consultoría en aviación con sede en Miami, que él mismo fundó), la industria de la aviación planea a largo plazo por necesidad, dados los “astronómicos” niveles de inversión que se requieren para construir y operar aviones.

En años recientes, dice Patricio Sepúlveda, todo el sector de la aviación —que incluye fabricantes, líneas aéreas, operadores de aeropuertos y otros actores más— ha adoptado e “internalizado” medidas para reducir sus emisiones de CO2. “Esto yo diría que por la pandemia no se ha detenido, ni se va a detener”, afirma Patricio Sepúlveda en una entrevista reciente.

Esto no significa que se debe minimizar el impacto de la pandemia en la aviación. En abril de este año, en el punto más álgido de la paralización de la actividad, el tráfico mundial de pasajeros se situó un 94,4 % por debajo de los niveles alcanzados el mismo mes del año pasado según la asociación de aeropuertos del mundo, Airports Council International. Según esta asociación, “se detuvieron casi totalmente” los viajes internacionales y en todas las regiones se registraron descensos de más del 98 %. La disminución en la carga aérea internacional fue menos grave, aunque en abril los volúmenes disminuyeron aproximadamente un 23 % en comparación con el año anterior. América Latina y el Caribe registraron casi el doble de disminución en el volumen de carga.

El tráfico aéreo ha empezado a repuntar poco a poco en algunas regiones, pero Patricio Sepúlveda estima que hacia finales del presente año la actividad en la industria terminará siendo apenas el 30 % de lo que fue en 2019. Aunque está convencido de que, a la larga, la gente volverá a viajar en avión como antes, cree que pasarán unos tres años para que la industria pueda recuperarse de los impactos de la pandemia.

“Es la crisis más profunda que ha tenido la aviación en toda su historia”, afirma Patricio Sepúlveda.

En las últimas semanas los fabricantes de aviones han anunciado despidos y las compañías aéreas han recortado rutas y eliminado puestos de trabajo. Las tres líneas aéreas “emblemáticas” de América Latina —Aeromexico, Avianca y LATAM— se han acogido al amparo del capítulo 11 previsto en las leyes de bancarrota de los Estados Unidos, señala Patricio Sepúlveda. Cree que sobrevivirán, pero tendrán que operar de manera diferente.

La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), que representa a unas 290 líneas aéreas responsables de más del 80 % del tráfico aéreo internacional, advirtió en junio que los próximos meses serían difíciles para las líneas aéreas y pidió a los Gobiernos de todo el mundo que brindaran  asistencia financiera y que adoptaran normas para ayudar a la industria. “Se espera que las aerolíneas pierdan 84 300 millones de USD en 2020, por lo que el alivio financiero de los Gobiernos representa un salvavidas para muchas de ellas”, señaló IATA en un comunicado de prensa. 

Ajustes al plan de compensación

La actual crisis ha dado lugar a un cambio que ha sido objeto de críticas por parte de las organizaciones ambientalistas: un ajuste en las normas para la aplicación de un acuerdo internacional para compensar las emisiones de la industria de la aviación. El Plan de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (conocido por sus siglas en inglés como CORSIA) fue adoptado en 2016 por los 193 estados miembros de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), un organismo especializado de las Naciones Unidas. El año próximo dará principio una fase piloto de tres años y en ella tomarán parte los más de 85 países que optaron por participar desde la adopción de este plan. (La participación en el plan CORSIA será obligatoria partir de 2027.)

Conforme a la versión original del plan CORSIA, se establecería un nivel básico de emisiones para los vuelos internacionales sobre la base de los promedios combinados de 2019 y 2020. Las líneas aéreas tendrían que compensar cualquier emisión por encima de ese nivel con créditos de carbono.

A finales de junio, el Consejo de la OACI decidió utilizar solamente las emisiones de 2019 como referencia para la implementación del plan CORSIA con la finalidad de evitar lo que considera una “carga económica inapropiada” para las líneas aéreas. Si se toman en cuenta las emisiones de 2020, eso significaría que las líneas aéreas tendrían que compensar más emisiones “aunque estén realizando menos vuelos y generando menos emisiones”, agregó la OACI en un comunicado de prensa.

“Los Estados del Consejo han hecho hoy una evaluación mesurada y han optado por la solución más razonable, dadas las muy extraordinarias circunstancias actuales”, señaló el Presidente del Consejo de la OACI, Salvatore Sciacchitano, luego de haber adoptado esta decisión.

El Fondo de Defensa del Medio Ambiente (EDF) se encontraba entre las organizaciones que habían instado a la OACI a no modificar las reglas. En un análisis del EDF publicado en mayo se decía que, en la mayoría de los escenarios, con este cambio se eliminarían todos los requerimientos de compensación de tres a cinco años y se socavaría la confianza de inversionistas en el compromiso de la industria de la aviación con un futuro de bajas emisiones de carbono.

En una declaración escrita emitida después de anunciada la decisión del Consejo de la OACI, la asesora internacional del EDF, Annie Petsonk, afirmó que aunque las líneas aéreas resulten severamente afectadas por la crisis de la COVID-19, no pueden darse el lujo de ignorar la crisis mundial del cambio climático que se avecina.

Un liderazgo real significa poner al sector de la aviación en la ruta hacia cero impactos climáticos netos lo más pronto posible, afirmó Annie Petsonk. Cuanto más pronto se incluyan los costos del control de carbono en los costos operativos de la industria, más pronto se podrán desarrollar nuevas tecnologías.

Por su parte, la IATA acogió con satisfacción la decisión del Consejo de la OACI diciendo que, en un momento de extrema volatilidad, el cambio proporciona seguridad inmediata y define claramente el camino a seguir para una implementación exitosa del plan CORSIA.

En un comunicado de prensa, el Director General y Director Ejecutivo de IATA, Alexandre de Juniac, destacó que las líneas aéreas siguen comprometidas con un desarrollo sin carbono con el plan CORSIA. Agregó que la aviación fue el primer sector industrial del mundo para el cual los Gobiernos acordaron una medida para compensar el consumo de carbono, pues saben que la sostenibilidad es su licencia para crecer.

Objetivos de sostenibilidad

La aviación no contribuye en un gran porcentaje a las emisiones de carbono en todo el mundo, aunque éstas si habían estado aumentando rápidamente antes de entrar en la actual desaceleración. Según un estudio del organismo independiente y sin fines de lucro, International Council on Clean Transportation (ICCT), se calcula que las emisiones generadas por la aviación comercial —pasajeros y carga— totalizaron 918 millones de toneladas métricas en 2018.

Esto representa el 2,4 % de las emisiones de CO2 en todo el mundo generadas por el uso de combustibles fósiles y un aumento del 32 % en los últimos cinco años, se indicaba en el estudio. Haciendo referencia a las proyecciones de la OACI, en el estudio se decía que se preveía que las emisiones de la aviación podrían casi duplicarse para 2050, en cuyo momento podría atribuírsele a las aeronaves el 25 % del presupuesto mundial de carbono; eso suponiendo que los demás sectores cumplieran con sus objetivos de dejar utilizar el carbono conforme al Acuerdo de París.

En los últimos años la industria ha tomado importantes medidas para limitar sus emisiones, según dice Patricio Sepúlveda, quien alguna vez fue Vicepresidente de la IATA para América Latina y el Caribe, y como tal participó como observador en las conferencias organizadas por las Naciones Unidas en torno al cambio climático.

“La aviación en sí fue el primer sector que, como sector, adoptó un programa de disminución de emisiones”, señala Patricio Sepúlveda. En 2008, la industria se fijó el objetivo de reducir para 2050 sus emisiones netas de CO2 a la mitad de los niveles registrados en 2005 y mejorar la eficiencia de los combustibles.

Patricio Sepúlveda confía en que este compromiso seguirá inquebrantable incluso durante la actual recesión y que es más importantes que nunca, considerando lo mucho que queda por hacer todavía en materia de clima. Espera que cuando haya una vacuna eficaz para la COVID-19 y hayan mejorado los tratamientos, la gente esté más que dispuesta a cruzar los cielos nuevamente. Según datos de la OACI, se estima que en 2018 las aerolíneas transportaron a aproximadamente 4,3 mil millones de personas en vuelos programados, lo que representa el doble del volumen registrado en 2005.

“Yo siempre digo, los viajes son como una droga”, afirma Patricio Sepúlveda. “El que viaja una vez quiere viajar otra vez y quiere que sus hijos viajen y quiere que su pariente viaje. Yo creo que es muy lindo eso”. Una vez que la pandemia esté bajo control, agrega, la gente ya habrá pensado en cuántos lugares más querrá visitar algún día.