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miércoles, 11 diciembre, 2019

Resiliencia urbana: Fortalecimiento de habilidades de supervivencia

¿Cómo pueden las ciudades y la gente estar mejor preparadas para los desastres naturales? ¿Cómo se puede mitigar el daño potencial? ¿Qué pueden hacer para acelerar la recuperación si sucede lo peor? ¿Cómo pueden ayudar a sus poblaciones a adaptarse ante las crecientes amenazas? ¿Qué papel desempeñan la educación y la cultura? Este es el tipo de preguntas que los panelistas abordaron durante el Diálogo Ministerial de la ECPA sobre Resiliencia Urbana.

Los desastres naturales son una amenaza en cualquier lugar, no solo en las ciudades, pero el impacto humano puede ser especialmente grave en zonas de alta densidad demográfica. Ello conlleva serias implicaciones para América Latina y el Caribe, donde se estima que el 80 por ciento de las personas vive en zonas urbanas. 

El Diálogo Ministerial sobre Resiliencia Urbana, celebrado el pasado 5 de noviembre, abordó una variedad de temas, tanto técnicos como sociales, que se relacionan con los desastres. Tres de los panelistas que participaron en el evento representaron al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE. UU. (NIST), que estudia la resiliencia ante desastres desde varias perspectivas. También participaron expertos de Chile, Colombia y Santa Lucía. (El video del evento, junto con la presentación de cada panelista está disponible en el siguiente enlace.

El mensaje principal: es más económico y efectivo prevenir que reconstruir. La panelista María Benítez, Subdirectora de Reducción de Riesgos de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres de Colombia, lo expresó de la siguiente manera: "El mejor momento para salvar una vida es antes de que ocurra un desastre".

Estas son algunas de las otras conclusiones de la sesión:

Los desastres naturales tienden a ser llamadas de atención. En Colombia, la erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985, que causó más de 20.000 muertes, condujo a la creación de un sistema nacional descentralizado de respuesta interinstitucional a los desastres, dijo Benítez. En Chile, en 2010 un terremoto de 8,8 en la escala de Richter provocó un cambio en la política de desastres naturales desde la perspectiva de respuesta de emergencia a la resiliencia a largo plazo, según Felipe Machado, Director del Instituto Chileno para la Resiliencia ante Desastres (Itrend, por su Acrónimo en español).


El reloj está corriendo. En el Caribe, el aumento de la cantidad e intensidad de los huracanes en los últimos años ha cobrado importancia ante la necesidad de resiliencia, dijo Terrence Gilliard, Director de Energía, Ciencia y Tecnología del Departamento de Infraestructura, Puertos y Energía de Santa Lucía. Los huracanes María e Irma causaron estragos en las islas de Dominica, Barbuda y Puerto Rico en 2017, y este año Dorian golpeó a Las Bahamas con una ferocidad sin precedentes. Santa Lucía está investigando varias formas de hacer que su sector energético sea menos vulnerable, incluyendo mejoras a la red y reformas de políticas.


El progreso es posible. Howard Harary, Director del Laboratorio de Ingeniería del NIST, compartió una historia exitosa en la que el NIST fue partícipe: un esfuerzo integral, que comenzó a mediados de la década de 1970, para abordar la problemática de los incendios mortales en los Estados Unidos. Unainmersión profunda en la naturaleza y los impactos del problema condujo a mejores estándares y equipos más seguros, en última instancia reduciendo a la mitad la cantidad de incendios y muertes civiles en 30 años, afirmó. En la actualidad, el NIST y los organismos asociados estudian diferentes aspectos de la resiliencia ante desastres, tales como los materiales, la infraestructura y la resiliencia comunitaria.


Lo primero es lo primero. La recuperación ante desastres será más fácil si los hospitales, las escuelas y los refugios pueden funcionar correctamente. En Puerto Rico, el NIST está estudiando estas estructuras edilicias críticas para comprender mejor cómo se desempeñaron durante el huracán María. En Colombia, los efectos de un terremoto en 1999 en la región cafetera del país se agudizaron porque el comando central de la policía local y la estación de bomberos colapsaron, afirmó Benítez. Por supuesto, no solo los edificios sino también los sistemas (agua, energía eléctrica, telecomunicaciones, transporte, tratamiento de aguas residuales) deben ser resilientes.


Es muy importante que las leyes y políticas sean las adecuadas. Algunos países del Caribe cuentan con leyes que restringen la distribución y venta de electricidad. Esto puede dificultar la resiliencia energética ya que limita el uso de generación distribuida o fuentes de energía renovables. Las reformas jurídicas para liberar la generación de energía ayudarían a atraer la inversión extranjera, afirmó Gilliard. A nivel internacional, dijo, el método de clasificación de los países según sus ingresos dificulta el financiamiento de la resiliencia. (El Banco Mundial considera a Santa Lucía como un país de ingreso medio alto). Otros panelistas hablaron sobre la importancia de leyes, reglamentos y códigos sólidos para establecer y asegurar el cumplimiento de las normas de construcción.


La resiliencia es una tarea multidisciplinaria. Durante la investigación de los efectos del huracán María en Puerto Rico, los equipos del NIST contaron con ingenieros, economistas y epidemiólogos, entre otros. En Chile, en 2016 un grupo de 80 expertos de diferentes sectores y disciplinas trabajaron para desarrollar una estrategia nacional de resiliencia. Esta es una tarea que debe ir más allá de los gobiernos nacionales, e involucrar también al sector privado, la academia y la sociedad civil, dijo Machado.


Las comunidades son una parte esencial de la ecuación. Los líderes locales y los habitantes deben involucrarse en la definición de los objetivos de resiliencia, el desarrollo de planes y la asignación de recursos limitados, dijo Therese McAllister del Programa de Resiliencia Comunitaria de NIST. La prioridad, dijo, debería ser tratar de proteger a aquellas personas más económicamente vulnerables, y que a menudo son los que sufren las consecuencias más devastadoras en un desastre. El  NIST ha desarrollado guías de planificación y herramientas de software para ayudar a las comunidades a tomar decisiones. También está realizando un estudio a largo plazo en la ciudad de Lumberton, Carolina del Norte, que fue afectada por el huracán Matthew en 2016 y dos años después por Florence, para analizar las diferentes dimensiones de la recuperación de la comunidad.


El desarrollo de la resiliencia requiere un cambio cultural. Es importante asegurarse de que el proceso de reconstrucción no haga caso omiso de los desastres pasados, dijo Machado, y que los jóvenes aprendan las lecciones de la resiliencia y la sostenibilidadLa educación sobre el respeto por el entorno tanto natural como aquel construido debe empezar en la escuela primaria, dijo Judith Mitrani-Reiser, directora del Programa de Estudios de Desastres del NIST. La conversación sobre la vulnerabilidad y la resiliencia debe basarse en la ciencia, pero esencialmente traducirse al lenguaje cotidiano, de modo que no sean solamente los científicos los que se comuniquen entre sí, señalaron varios oradores.