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martes, 09 julio, 2019

La OEA se enverdece

Los edificios consumen muchísima energía. Sus apetitos por la electricidad, el agua, el aire acondicionado y el calor se tornan particularmente voraces cuando tienen más de un siglo de antigüedad. La Organización de los Estados Americanos (OEA), consciente de la necesidad de ser ecológica y de ahorrar dinero, se está esforzando por reducir el uso de energía en su sede en Washington, DC, e incluso en su famosa Casa de las Américas.

El emblemático edificio, ubicado a pocas cuadras de la Casa Blanca en la intersección de la avenida Constitution y la calle 17, abrió sus puertas por primera vez en 1910 como el hogar de la Unión Panamericana, la organización precursora de la OEA. Ha acogido eventos trascendentales en la historia del hemisferio occidental, incluida la firma del Tratado del Canal de Panamá en 1977.

En su interior, el Salón de las Américas conserva la grandeza de su época, aunque con algunos retoques. Los candelabros de cristal que han iluminado innumerables conferencias, conciertos y visitas de presidentes y primeros ministros cuentan con luces LED. Este es tan solo un pequeño ejemplo de los pasos que la OEA ya adoptó para poner en práctica la sostenibilidad.

Ahora está intensificando estos esfuerzos, incrementando su uso de energía renovable y poniendo el énfasis en la eficiencia. Para una institución que depende de las cuotas de los países y que ha tenido dificultades presupuestarias durante mucho tiempo, la "fuerza motriz" detrás de estos esfuerzos es la necesidad de ahorrar dinero, según Enrique Bello, Director interino del Departamento de Servicios Generales (DGS).

"Si en el proceso logramos hacerlo de manera verde", agregó, "mejor aún".

Más de 700 funcionarios, contratistas y pasantes trabajan en la sede de la OEA. La planta física consta de cinco edificios: cuatro en el histórico complejo principal (la Casa de las Américas, un gran edificio administrativo, el Museo de las Américas y un pequeño edificio de oficinas conocido como la Casita), a los que se les suman, a pocas cuadras de distancia, el Edificio de la Secretaría General en el que se ubican las oficinas principales.

Si bien durante el transcurso de la última década la OEA ha implementado gradualmente algunos cambios orientados a la sostenibilidad, por ejemplo mediante la instalación de lavabos e inodoros más eficientes, la reducción del uso de energía durante los fines de semana y la promoción del reciclaje, en la actualidad se están realizando algunos cambios a una escala mayor.

Esto es posible en parte porque el mercado energético actual ofrece soluciones creativas para financiar proyectos de energía renovable y eficiencia energética, según Bello, quien trabajó en el Departamento de Desarrollo Sostenible de la OEA durante más de dos décadas antes de comenzar su trabajo actual como Director del DGS a principios de 2017. En algunos casos, por ejemplo, una empresa de servicios de energía asumirá los costos iniciales de la instalación y hará que los clientes paguen estos costos a lo largo del tiempo como un porcentaje de lo que ahorran en costos de energía.

En el edificio de la Secretaría General, que abrió sus puertas en 1976, la OEA se está preparando para instalar paneles solares en los techos. Antes de hacerlo, tuvo que reemplazar el deteriorado techo, un proyecto que se había visto postergado durante años por razones presupuestarias. Como parte de un acuerdo firmado con la OEA, una compañía solar local está sufragando no solo el costo de instalación de los paneles solares, sino también parte del costo de reemplazo el techo. (La compañía solar, por su parte, percibirá los créditos fiscales locales).

Work on the roof has been completed, and the installation of the photovoltaic solar panels is expected to begin once pending local permits have been issued. The panels will supply about 10 percent of the building’s electricity needs at no cost to the OAS.

“En la medida que lo que hagamos promueve la sostenibilidad y el manejo ambiental y además genera ahorros en los recursos de la organización, creo que es un win-win situation para todos,” afirmó Bello en una entrevista.

Estas son tan solo algunas de las demás áreas en las que el Departamento de Servicios Generales de la OEA está trabajando para reducir costos e implementar prácticas más ecológicas:

  • Luces led. Una vez finalizada la colocación de unas 12,000 luces LED en la sede, un proceso a punto de concluir en el edificio de la Secretaría General, la OEA espera ahorrar más de 100 mil dólares estadounidenses al año en costos de electricidad, según Bello. Esa inversión se pagará sola en menos de tres años, agregó, y reducirá el consumo total de electricidad en la sede en cerca del 10 por ciento.
  • Energía renovable. Además de instalar paneles en la azotea, la OEA se está asociando con la Administración de Servicios Generales (el organismo encargado de administrar los bienes raíces del gobierno de los Estados Unidos) a fin de comprar energía solar adicional proveniente de una granja solar en una cantidad suficiente como para satisfacer aproximadamente el 40 por ciento de las necesidades energéticas del edificio de la Secretaría General. La OEA también utiliza algo de energía eólica, ya que la compañía eléctrica local que presta servicios a la capital estadounidense obtiene el 15 por ciento de su energía de fuentes eólicas. 
  • Estación de recarga de vehículos eléctricos. El estacionamiento subterráneo en el edificio de la Secretaría General ahora está equipado con una estación de carga de nivel 3 que permitirá que la mayoría de los vehículos eléctricos se carguen completamente en 30 minutos. Se planean dos estaciones adicionales, a medida que aumente la demanda. 
  • Calefacción y refrigeración. Si bien las calderas a vapor de los edificios más antiguos funcionan solo tres meses al año, su funcionamiento es extremadamente costoso. La OEA ha realizado los estudios de ingeniería necesarios para reemplazar el sistema con calderas a gas altamente eficientes y espera licitar el proyecto próximamente. También está en marcha el proceso de reemplazo de las unidades de inducción que distribuyen el aire acondicionado en los edificios más antiguos, actualizándolos con modelos más eficientes.
  • Reciclaje renovado. La OEA está desplegando un esfuerzo para aumentar significativamente el reciclaje. El objetivo es reducir los gastos de gestión de desechos en un 20 por ciento y casi duplicar la cantidad de material destinado al reciclaje (desde el nivel actual del 23 por ciento de material de desecho al 52 por ciento) para fines de este año. En lugar de haber tachos de residuos y reciclaje en cada oficina, se instalarán puestos de recolección de residuos en lugares estratégicos de cada piso. Se espera que el cambio a un sistema centralizado reduzca la cantidad de basura depositada en los contenedores de reciclaje en un 75 por ciento. Esto no solo reducirá el desperdicio sino que también generará importantes ahorros, ya que los costos de tratamiento para el reciclaje son más bajos que para la basura. Asimismo, el personal de limpieza ya no tendrá que vaciar los tachos en cada oficina, liberándolos para la realización de otras tareas.
  • Consumo de papel. La OEA ha ido reemplazando gradualmente las fotocopiadoras antiguas con copiadoras multifuncionales que facilitan el escaneo de documentos, logrando que se evite la impresión en su totalidad. La estructura de costos para realizar copias alienta al personal a reducir los desperdicios y utilizar la impresión en doble faz tanto como sea posible. Aun así, "gastamos más papel de lo que realmente necesitamos", dijo Bello. "Es la costumbre que creo que debemos cambiar", agregó, señalando que la capacidad de reducir el uso de papel y aumentar el reciclaje depende de los esfuerzos de cada individuo.

Si bien la gestión de las instalaciones es un elemento importante para promover la eficiencia energética y la sostenibilidad ambiental, no es la única, observó Bello. Agregó que estos temas deberían tener en cuenta las decisiones y actividades cotidianas de las personas, trátese de encargar suministros, planificar reuniones, planificar viajes o incluso trabajar diariamente. 

"Podríamos hacer mucho más como individuos y como institución para reducir nuestra huella de carbono", dijo Bello. "Es una cuestión de adoptar una mentalidad sostenible".