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lunes, 24 septiembre, 2018

Urbanismo energético: pensar ciudades desde el beneficio de aprovechar el sol

(Diario El Sur) La contaminación que hay en todo el mundo producto de la actividad humana y como consecuencia el calentamiento global, sumado al fenómeno de cambio climático, cada vez tienen más severas y múltiples manifestaciones en el medio ambiente y en todo aspecto de la calidad de vida de la población.

Si no se actúa, si no se hay modificaciones en las formas de producir bienes y servicios o de extraer y usar los recursos naturales, o simplemente en la manera en que cada individuo se relaciona con su entorno, el destino será inexorablemente desastroso. Por lo mismo, los conceptos de mitigación de los efectos y de desarrollo sustentable y sostenible van cobrando protagonismo esencial en esta trama.

Y la eficiencia energética es una de las aristas que se debe considerar, con un papel en las viviendas sociales que releva el español José Antonio Turégano, especialista en Ingeniería Energética, que fue invitado por la carrera de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción (UdeC).

Aporte del sol

Por definición la eficiencia energética busca reducir el consumo de energía, optimizando los procesos productivos, utilizando lo mismo o menos para producir más bienes y servicios. Así, no significa ahorrar luz, sino ocupar menos electricidad para iluminar lo mismo; lo mismo aplica para la calefacción. Esto se traduce en un uso más sustentable de los recursos que producen la energía y en que se disminuyen los costos para los usuarios.

Ante esto, el sol y el calor que éste produce cumplen un papel clave a la hora de una iluminación inteligente de los espacios y también para el confort térmico en los hogares. Algo que según Turégano nuestros antepasados tenían claro y sostiene que “sabían elegir el sitio adecuado para construir sus viviendas y eso se fue manteniendo siglo a siglo hasta que la técnica o tecnología permitió olvidarnos de aquello, porque teníamos combustible y energía para gastar, entonces se descuidó ese elemento”.

Las consecuencias de ello son conocidas y han derivado en la toma de consciencia y búsqueda de estrategias y materiales que aporten al uso eficiente de la energía, cuya importancia, opina el experto, en las viviendas sociales tiene también un impacto dada la realidad de quienes habitan en ellas. “Hay que ahorrar energía en todos los sitios y allí más todavía, porque es gente que necesita gastar menos dinero”, plantea.

Así, hace énfasis en el concepto de “urbanismo energético”, con mucha relación con la orientación que la vivienda tiene hacia el sol y cree que debería ser integrado por las instituciones y autoridades, y guiar la planificación de las ciudades y proyectos. “Si me permiten planificar varios edificios en una estructura de barrio, puedo hacer que todos ellos o la mayor parte se beneficien del aporte solar. Por eso es fundamental que los proyectos se desarrollen no pensando en un edificio, sino del conjunto”.

Diseño y estrategias

Lo anterior no se puede desvincular de los diseños bioclimáticos y la organización de los espacios, pudiendo repercutir en la reducción de hasta 80% del consumo energético, aclarando que “no puedo hacer un edificio bioclimático en cualquier sitio, porque quizá haya zonas donde sea imposible que dé el sol que necesite. En esos casos puedo mejorar el aislamiento o las ventanas, entre otros, pero no ganar energía solar en invierno”.

Sobre esto, Turégano menciona la función de los muros de inercia, que durante el día reciben y se cargan con el calor que brinda el sol y, posteriormente, esta energía acumulada se descarga y transfiere a la vivienda. “Para cargar un muro de inercia debo tener un espacio con la mayor temperatura que se pueda proporcionar. Para ello el balcón se encierra con vidrio o se diseña una especie de invernadero, para que la radiación térmica del sol entre. Así, se aprovecha la energía gratuita del sol, gracias a la estructura creada, un muro térmico y la transferencia hacia el interior. Hay variantes, al muro se le puede poner ventanitas para que circule el aire, por ejemplo, eso depende del diseño”, detalla.

[VEA TAMBIÉN: Más de 4 mil viviendas cuentan con sello de eficiencia energética en Biobío]

Prótesis bioclimáticas

Para cuantificar el impacto de lo planteado, Turégano cuenta sobre un proyecto, de 9 mil viviendas, en Zaragoza, que integra el urbanismo energético y los muros de inercia. “En mil 600 viviendas que fueron controladas, encontramos que el consumo medio era la cuarta parte de un edificio normal construido en Zaragoza. El resultado era el gasto de 28 kilovatios (kw) por hora en una ciudad en la que llegar a 96 kw era lo normal”, explica.

Es sólo un ejemplo y con el que el experto también quiso contribuir al trabajo de un proyecto de Arquitectura UdeC sobre prótesis bioclimáticas para viviendas sociales. Una de éstas ocupa el principio del invernadero, cuenta el docente Pedro Orellana, participante de esta iniciativa.

El arquitecto e ingeniero, detalla que “se construyeron tres prototipos distintos para viviendas de Coronel y Chillán, que están fuera de la norma, de madera, construidas del año 2000 hacia atrás y con una aislación térmica mínima, 2 centímetros, cuando para el Biobío pensamos en 8 a 10 centímetros”.

Precisa que en una situación normal, la diferencia entre la temperatura exterior e interior es de uno o dos grados más dentro del hogar, por lo que Orellana es claro: “la gente tiene frío”. Es imperante, sobre todo en invierno y en ciudades del sur calefaccionar las viviendas, lo que puede tener un alto costo si existe una infraestructura que permite fugas de calor, sumado a los efectos que estufas a leña o parafina tienen en términos de contaminación.

Sobre las prótesis desarrolladas, comenta que en una era una especie de probeta, con la que hubo un alza que rondaba los 8 grados más al interior de la vivienda respecto al exterior, siendo ésta un prototipo más rudimentario y en el que hubo algunos defectos y fugas. “En Coronel, con el diseño de invernadero, cuando afuera había 8 grados, arrojó más de 40 en el interior. Son 30 grados de energía que utilizo y no cuestan más que ocupar la trayectoria y orientación del sol”, recalca.

Con estos resultados de un trabajo que ha perdurado casi dos años, se está culminando lo que esperan sea la primera fase del proyecto, porque quedaron algunos aspectos que quieren profundizar y por ello postularon a un segundo fondo.

Pero, el entusiasmo está latente en Orellana y el equipo, pues manifiesta que “si logramos con estos objetos, que el proyecto postula que deben ser económicos y se deben construir con elementos fáciles de encontrar en una ferretería, subir 6 a 7 grados, es algo importante, pues además es calor proporcionado por la trayectoria del sol”, invitando a visitar www.protesisbioclimaticas.cl, ya que la iniciativa es abierta y está toda la información disponible, reconociendo que están aportando en una materia en la que se avanza en Chile, pero aún está en etapas iniciales.

Fuente: Diario el Sur